Socialismo o Democracia 8

Entender al ser humano es difícil. “No robar” es una norma universal desde el inicio de la humanidad pero en la práctica frecuentemente admiramos la astucia y habilidad del estafador o de los ejecutores del “robo del siglo”. A  quien condenamos con desprecio es  al asaltante burdo, aunque ambos son igualmente ladrones.  Similar hipocresía se mantiene al respecto de los usurpadores del poder gubernamental al tratarse de aquellos que con astucia y habilidad nos venden el milagro de la democracia sin elecciones o la fantasía de elecciones sin opciones. Veamos.

Antiguamente los gobernantes justificaban su poder en la voluntad de Dios o en su destreza militar. Hoy todos dicen ser el resultado de la voluntad del pueblo. Ya no es posible decir otra cosa. Acorralados, los gobiernos no democráticos que no simulan elecciones libres, utilizan con mayor o menor éxito, uno o más de los tres argumentos “estándar”:  Uno, la oposición interna visible es inexistente o mínima y la que se manifiesta en el exterior  proviene de violentos extremistas radicales. Dos, periódicamente miles de manifestantes nos apoyan en “la plaza”. Nuestro diálogo directo con ellos, “el verdadero pueblo”, es más válido que cualquier elección. La tercera varía ligeramente según el tipo  de régimen. De  ser simplemente autocráticos dirán que el gobierno tiene el apoyo de la mayoría que le agradece el mantenimiento de la libertad ordenada y productiva, evitando caer en el  libertinaje caótico de otros países. Un régimen  Marxista- Leninista dirá lo mismo, pero añadirá que su sistema consiste en una “democracia diferente” que responde a la voluntad popular mejor que los “sistemas occidentales o representativos” pues se basa en la “democracia participativa”, la meritocracia y la cooperación, en lugar de la competencia. Conceptos que, añadimos nosotros, convenientemente no se prestan a mediciones  o conteos.

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Delcy Rodríguez, vicepresidenta de Venezuela con Rosario Murillo, en Managua, celebrando el 40 aniversario de la revolución sandinista.

La primera defensa de estos gobiernos, el colmo del cinismo, hace que la efectividad de la represión sirva para legitimar al opresor, pero no es la falacia más importante. Tampoco importa mucho la segunda por ser bastante obvio que quienes dependen del gobierno para sobrevivir manifestarán a su favor cuando este lo solicite y nunca se manifestarán en contra.  La tercera es la importante para el socialismo real: el mito de la “Democracia Diferente”. Es la importante porque su falsedad no es tan obvia.

Es muy difícil demostrar que en el Partido Único de esos sistemas el poder no fluye de abajo hacia arriba sino de arriba hacia abajo y la dificultad causa duda y las dudas discusiones en el exterior del país, que es donde la legitimidad importa. Largos e interminables debates y opiniones con participación de estudiosos o “expertos”, pues es esa discusión y no el establecimiento de la verdad, lo que el régimen y sus defensores buscan alrespecto de la popularidad del régimen. Discutir y opinar, opinar y discutir.

Para el socialismo real, la principal ventaja de todo esto  es que de eexistir la menor posibilidad de que el régimen tenga apoyo popular mayoritario, el Club Socialista, que no pierde la esperanza de ver surgir un experimento verdaderamente socialista y de supuesta prolongada popularidad, defenderá la legitimidad o al menos la posible legitimidad de casi cualquier  régimen que diga ser “Socialista”. Por eso Lula, al principio del desastre electoral en Venezuela, ignorando que las actas electrónicas no se podían falsear, le pedía  a Maduro que presentara las acostumbradas actas (falsas) para terminar con la discusión, o más bien mantener la discusión por toda la eternidad, pues, aunque las actas del gobierno fueran falsas, eso daba espacio para dudar y discutir, salvando así cierta legitimidad para el gobierno NML de Venezuela. Solo cuando comprendió que la farsa no era posible, abandonó la defensa de Maduro para evitar mancharse y perjudicar sus aspiraciones de liderazgo mundial. Solo por eso admitió la verdad que siempre supo.

No es necesario decir que hay diversidad de democracias y que puede argüirse que unas Democracias son “más democráticas” que otras, y que son muchos los elementos complementarios a las elecciones que son necesarios para constituir una Democracia moderna. Pero es una obstinación contraria a la razón el otorgarle el calificativo de “democrático” a un sistema de gobierno en el cual la población no puede, periódicamente, a través de voto libre y secreto, cambiar a sus gobernantes, remplazándolos por opositores del gobierno o inclusive por opositores del sistema.

Donde lo anterior no se cumpla el gobierno podrá ser “diferente” pero no Democrático, no hay democracia sin elecciones y todos lo sabemos. Es por esto por lo que la “Democracia Diferente” que Cuba y China pregonan no existe, y porqué es que los gobiernos del Socialismo Real son antidemocráticos e ilegítimos.

Es obvio que  solo una elección con verdadera opción opositora y voto secreto limpiamente contado podría dar fin a la discusión sobre el apoyo popular a un régimen comunista, pero claro, ningún gobierno del socialismo real haría eso. ¿Para qué? Ningún líder Marxistaleninista podría ser tan tonto. Es el caso, sin embargo, que la versión socialista del régimen venezolano, al menos hasta las elecciones de junio 2024 no era Marxista Leninista, era NML, o sea de filosofía Neomarxista Latinoamericana, y todavía creía en el cuarto postulado, la predicción de la eterna popularidad.  Tal vez por eso pensó que no podía perder la elección  y se sometió a la prueba.

Maduro podía, como probablemente le aconsejaron desde Cuba,  haber abolido  las elecciones sin abolirlas, como lo hizo Castro, y declarado a Venezuela (no solo a su gobierno) como “país socialista”, prohibiendo  todos los partidos menos el suyo como en China. Así hubiera llegado a ser tan legítimo y respetado como Diaz-Canel o Xi Jinping, pero en lugar de eso, sin quererlo, saboteó no solo su legitimidad, sino todo el mito de la “Democracia Diferente” del Marxismo-Leninismo, pues si el único país de las tres revoluciones hermanas de América, como Delcy Rodríguez, vicepresidenta de Venezuela le gusta llamar a los gobiernos de Cuba, Nicaragua y Venezuela que se atrevió a efectuar elecciones semidemocráticas perdió estrepitosamente, ¿por qué pensar que de hacerse elecciones verdaderas en  Cuba, Nicaragua o inclusive China no pasaría lo mismo?  Solo podrán pensar lo contrario quienes, inocente o maliciosamente, confunden aceptación con apoyo. Ven como señal de apoyo al sistema la supuesta pasividad y aceptación de la población, cuando aceptar lo que uno no puede cambiar no es, ni apoyo, ni ausencia del anhelo de cambio, sino el resultado  de la necesidad de adaptarse y del natural instinto humano de sobrevivencia.

Habrá quien señale que nuestra inferencia, basada en las elecciones venezolanas, sobre la probable ausencia de apoyo popular mayoritario para, por ejemplo el régimen cubano, no es válida pues el gobierno de Venezuela no es como el de Cuba (o China) lo cual es cierto, pero solo tendrán razón en el sentido de que no son iguales en todo. La primera diferencia, aunque seguramente no es la diferencia que todos corren a señalar, es que en lo que respecta a políticas y legitimidad, la comparación favorece a Venezuela. Chávez llegó al poder por la vía electoral, Castro por la vía de las armas. En Venezuela aunque golpeados, subsisten partidos de oposición, en Cuba están prohibidos. La cúpula venezolana debe robar y traficar drogas para obtener  una vida privilegiada, la nomenclatura cubana la obtiene por derecho.  Chávez no fusiló a nadie, Castro fusiló a más de tres mil.

A todas luces el régimen de Cuba es más represivo e ilegitimo que el de Venezuela. Sin embargo son unos 14 países los que cuestionan la investidura de Maduro  o inclusive no tienen relaciones con Venezuela mientras que  todos tienen relaciones cordiales con Cuba. Las razones de esta diferencia en el trato son diversas y más relacionadas a la popularidad histórica de Castro dentro del “Club Socialista” y otros círculos, así como a la impopularidad personal de Maduro en ese mismo grupo, donde se le rechaza por la “mala fama” que le ha traído al socialismo del carismático Chávez, que a diferencias en la legitimidad de sus respectivos gobiernos. Este último tema, la diferencia en  legitimidad es lo que estábamos tratando, pero nos apartaremos un poco de eso a continuación, para tocar lo de la diferencia en el trato o reconocimiento de estos regímenes en el exterior

Podemos especular por ejemplo que el “Antiyankismo” encuentre más viable usar a Cuba que a Venezuela para divertirse puyándole el ojo con el dedo gordo al “Tío Sam”. También puede que no sea la legitimidad lo importante, sino la  astucia y elegancia del estafador lo que determina la diferencia en el trato, pero hay algo más profundo, demasiado complicado para desmembrar aquí, pero que no podemos omitir.

Existe desde hace tiempo a nivel mundial, un conflicto entre dos posiciones que aunque antagónicas son muchas veces mantenidas al mismo tiempo por las mismas personas y organizaciones  que se resisten a ver  su intrínseca contradicción. El conflicto consiste en que por un lado está el respeto a las  tradiciones de las diferentes culturas y religiones  y por otro lado la universalidad de los derechos humanos.

Entre los grandes éxitos de la propaganda del régimen cubano está sin duda el haber logrado que muchos vean a este régimen opresor como el resultado de una cultura o sociedad diferente que debe respetarse. Esto le cae como anillo al dedo a aquellos gobiernos que dicen que la democracia es solo una forma de gobierno entre muchas, no la única aceptable, y ni siquiera la mejor, por lo cual le dan un decidido apoyo a Cuba.

Es así como el régimen cubano, no solo aduce ejercitar una  Democracia Diferente sino que la misma es el resultado, dicen ellos, de que su población ha evolucionado y creado una “Cultura Diferente”, un pueblo “Revolucionario”, diferente a los demás seres humanos cuya “autodeterminación” rechaza cualquier intento de modificación contraria a “la revolución”.  Un logro que a Venezuela le es imposible igualar por ahora, no quedándole a Maduro más remedio que decir que es democrático.  En parte por eso a Maduro se le juzga contra los estándares de la democracia, mientras se exime a Cuba de esas normas.

Regresando a las tres revoluciones hermanas, la diferencia que más se señala es que aunque nadie sabe lo que cada uno guarda en su corazón, se asume que mientras la cúpula cubana de la Cuba socialista realmente cree en el Marxismo-Leninismo, el gobierno de Nicaragua es el de un dictador corrupto y el de Venezuela un gobierno de narcotraficantes. En cierta forma esto provee a los socialistas teóricos la salida de lavarse las manos de los resultados de esos regímenes alegando que en realidad, al igual que el de Corea del Norte carecen de pureza ideológica, que son gobiernos que se han “desviado” y no son en realidad socialistas. Esta escusa no es válida pues si los discursos, leyes  y acciones de los tres muestran congruencia, las diferencias en el comportamiento personal de sus líderes puede señalar diferencia en el nivel de hipocresía personal de esos líderes pero no diferencias importantes en la ideología que profesan, y más importante aún, en el sistema político que implantan los  regímenes que ellos dirigen.

Sin tratar de determinar la profundidad y honestidad de la convicción ideológica de un Diaz-Canel versus la de un Maduro, lo importante es que dicha diferencia primero, no es importante para ellos, y segundo, no es lo importante para sus pueblos en este momento.

Sobre lo primero, Cuba no rechaza el comportamiento de la cúpula venezolana. La corrupción y el  tráfico de drogas no parece preocuparle y no utiliza su influencia para frenarlo. Más aún, mantiene estrechos lazos con la cúpula y ejército venezolano  a través de consejeros en diversos asuntos internos. Además, la “guardia pretoriana” de Maduro, un factor importante de su seguridad y permanencia en el poder está integrada por personal de seguridad del gobierno cubano. ¿Por qué distinguir nosotros lo que Cuba no distingue? Y si Venezuela contribuye a enviar drogas al Imperialismo Yanki y eso ayuda a la decadencia del imperio, ¿No es eso una acción revolucionaria válida?

Sobre la importancia que para el pueblo venezolano pueda tener en estos momentos la pureza ideológica de sus líderes o su involucramiento en el narcotráfico, podemos preguntar: ¿Alguien cree que si Maduro fuera ideológicamente puro, un número significativo de los venezolanos que votaron por Corina Machado hubieran en su lugar votado por Maduro? Seamos serios y dejémonos de tonterías, la alternativa presentada a los ciudadanos de Venezuela en junio 2024 fue clara y bien entendida por la población. Ni el narcotráfico ni la corrupción estaban en las boletas o en sus pensamientos. Debian escoger entre socialismo o libertad y democracia, y la respuesta del electorado fue contundente. Si como es obvio, ni la hipocresía ni el narcotráfico fueron factores que hayan influenciado el voto ¿por qué señalar tanto esa diferencia? Tal vez solo para, a través de la comparación, darle un aura de idealismo al régimen cubano, idealismo que, real o ficticio, no le otorga legitimidad alguna.

 No hay espacio para dudar o discutir. Los tres regímenes socialistas de América, uno Marxista Leninista y dos resultantes del Neomarxismo Latinoamericano (NML) son impopulares e ilegítimos hermanos a pesar de sus diferencias. Y haya  sido  por convicción ideológica, vanidad o estupidez, la decisión de Maduro de efectuar elecciones los ha desnudado.

Enrique Maza Z., Guatemala, 30 de diciembre 2025.

Próxima entrada: EL CONFLICTO ENTRE EL IDEALISMO Y LA REALIDAD

Nota posterior: Cuatro días después de la publicación de este artículo, Estados Unidos efectuó la operación militar que capturó y llevó a Maduro a juicio en Nueva York. El día siguiente, 4 de enero, el gobierno de Cuba informó que 32 miembros del ejercito cubano del ministerio del Interior de ese país habían perdido la vida en esas acciones, declarando Duelo Nacional de dos días, lo cual confirma que la guardia presidencial del presidente de Venezuela pertenecía al gobierno cubano.
 



 

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