Tras las elecciones del 28 de julio de 2024 en Venezuela los líderes de la Izquierda latinoamericana e incluso la española se han distanciado, algunos por primera vez, otros más que antes, del régimen de Maduro. Algunos como nuestro presidente Arévalo y Boric de Chile lo hicieron rápidamente, otros lentamente y con todo el dolor de su corazón como es el caso de Lula de Brasil. Quienes se preguntan “¿por qué el distanciamiento, si todos son de Izquierda”? así como quienes responden señalando la diversidad del socialismo, pasan por alto lo verdaderamente intrigante. La pregunta obligada es: ¿Por qué tanta preocupación con las elecciones de Venezuela por parte de aquellos que no tienen, ni han tenido jamás, ningún problema con el gobierno de Cuba que en 65 años no ha tenido elecciones democráticas? Para tratar de dar con la respuesta y entender la trascendencia de lo ocurrido en Venezuela. tenemos que entrarle al prohibido tema de las ideologías. Un viaje interesante y tal vez de autodescubrimiento, pero algo largo, por lo cual lo estaremos presentando en nueve o diez entregas breves. ¡Paciencia! El tema nos obliga a comenzar con nuestra opinión sobre algunos términos.
Primera part
IDEOLOGÍAS, PRINCIPIOS, VALORES Y DERECHOS
En Guatemala, más aún que en otros países, la palabra “ideología” denota algo nocivo y reprochable, se utiliza siempre como un peyorativo. Es, se dice, algo del pasado, poco “pragmático”, causa de la guerra entre hermanos e irrelevante para la juventud de hoy. “Comunista” es aún peor pues en algún momento era lamentablemente un adjetivo que podría equivaler a una sentencia de muerte. Pero las ideologías existen y queramos o no, orientan las decisiones políticas, y la política queramos o no, colorea nuestras vidas. Vivir en sociedad nos obliga a entender las ideologías, la fuerza de sus ideas y el lugar hacia donde cada una nos lleva, para poder mantener la actitud vigilante y la participación política que la paz duradera requiere, evitando la paz engañosa de la indolencia, pues tarde o temprano, queramos o no, podemos terminar siendo esclavos de viejas y supuestamente “irrelevantes” ideas.
Habrá quien prefiera soslayar las ideologías aduciendo estar por encima de estas al enfocarse en principios y valores. A nuestra forma de ver, los principios, fácilmente confundidos con simples postulados o creencias, cuando están correctamente definidos son verdades indiscutibles, pero los valores son siempre subjetivos y más importante aún, sujetos a prioridades. Los principios y valores personales definen a una persona y pueden en conjunto definir a una sociedad cuando son abrumadoramente compartidos con similar prioridad, pero cuando no lo son llevan a divisiones y conflictos indistinguibles de los ideológicos y frecuentemente más intensos, más divisorios e inclusive, sangrientos. Es así, por ejemplo, que lo que hay tras las “Ideologías de Género” no son ideologías sino conflictos de valores.

Por su lado las ideologías contienen o se basan en valores y principios generalmente dogmáticos, resultándonos difícil distinguir entre los que defienden una ideología y los que defienden principios y valores, por lo cual en lugar de tratar de hacer definiciones generales sobre eso en este ensayo, aclaramos que en nuestra opinión el Socialismo es sin duda una ideología mientras que la democracia un procedimiento que, como “sistema político” en su concepción moderna, se convierte, más que en una ideología o un valor, en un derecho de toda sociedad civilizada, lo cual no debería ser difícil de aceptar por los lectores.
Concluimos con que, salvo en momentos como el actual de nuestro país, en el cual el enriquecimiento ilícito e intereses personales dominan la política, lo que impulsa las acciones políticas, son, sin duda, las ideologías, o al menos así era hasta que los políticos descubrieron el poder en las urnas de “la guerra cultural”. A esto añadimos que las ideologías entran en crisis cuando la realidad práctica contradice sus postulados, creencias, dogmas o principios y que para entenderlo hay que ir más allá de sus nombres.
NOMBRES Y Conocimiento
El gran físico Richard Feynman contaba que caminando en el bosque cuando era niño, su padre le señaló un pájaro y le preguntó si sabía el nombre. Luego su padre le dijo el nombre en inglés y japonés y en varios otros idiomas, concluyendo que se podía saber todos los nombres sin saber nada del pájaro, porqué migraba o como sabía o decidía la dirección en la cual debía volar. El entendimiento, el conocimiento no está en los nombres, el conocimiento requiere profundizar en las motivaciones de las acciones.
Lo anterior no significa que los nombres sean inútiles, sino que deben corresponder a definiciones sin ambigüedades que ayuden a la clasificación del conocimiento. No hay que temer llamar a algo por su verdadero nombre a pesar del peso que la historia y nuestros recuerdos le puedan cargar, pero el reto en la comprensión de las ideologías o convicciones políticas está en concentrarnos en las ideas fundamentales que determinan el accionar de sus creyentes, no en sus nombres. Distinguir entre aquellas cosas sobre las cuales podemos debatir caso nos interesen y aquellas por las cuales estamos obligados a luchar, usando la libertad política que tengamos, mientras la tengamos, único medio de evitar perderlas. Aquí trataremos de usar tanto nombres como conocimiento para entender mejor el pequeño Tsunami surgido de las elecciones en Venezuela.
Enrique Maza Zayas. Guatemala 7 de septiembre 2025.
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